dijous, 28 de gener de 2010

¡Aquí no cabemos todos!

El domingo de la semana pasada CiU protagonizó la tercera entronización consecutiva de Artur Mas como candidato a la Presidencia de la Generalitat para las elecciones al Parlament del próximo otoño. Las dos anteriores no le fueron nada bien. Sin embargo, la federación nacionalista ha decidido apostar nuevamente, y por última vez, por el mismo cabeza de cartel.

CiU ha querido con esta anticipación dar un mensaje a la ciudadanía: la legislatura está agotada y, con la llegada del año nuevo, entramos en campaña electoral. Pero lo cierto es que las elecciones aún no están convocadas, y por los menos quedan aún diez meses para su celebración. Esta actitud comportará que CiU no participe en la tramitación legislativa de ninguna ley de país, ni facilite ningún tipo de acuerdo vital para Catalunya, como la ley electoral o la ley de organización territorial. Tampoco es indispensable. CiU está en la oposición y el Govern de la Generalitat tiene mayoría parlamentaria suficiente para sacar sus iniciativas adelante. Y más aún: cuando ellos dan por acabada la legislatura, el Govern sigue trabajando. Y bien. Cerrando acuerdos con el Gobierno de España como el de financiación o la transferencia del servicio de cercanías a la Generalitat, o poniendo en servicio infraestructuras estratégicas para la dinamización económica de Catalunya y su cohesión social y territorial.

Fíjense en la paradoja: el mismo fin de semana en que CiU flirteaba con el independentismo, participando activamente en las consultas populares por la independencia, Montilla ponía en servicio la L-9 del Metro de Barcelona. Y el mismo día en que el president Montilla inauguraba el aeropuerto de Lleida-Alguaire, el primero de titularidad de la Generalitat, CiU prefirió dedicarlo a la elección de Mas como candidato electoral. Creo sinceramente que alguien que aspira a ser president de la Generalitat debería estar en este tipo de acontecimientos. Pero en fin, una vez más, se antepone el partido al país...

La legislatura catalana no está agotada, ni mucho menos. Y el Govern ha dado claros signos de que seguirá trabajando hasta el final, como lo ha hecho hasta ahora: sin descanso y sacando adelante iniciativas que ayuden a la reactivación económica de Catalunya y contribuyan a un mejor bienestar social de todos sus ciudadanos. Sin pensar –porque no toca– en el electoralismo cortoplacista que ha empezado a desplegar CiU y que, previsiblemente, les condenará a llegar a la campaña electoral con el paso cambiado y las fuerzas mermadas. Ellos sabrán.

Pero lo peor de esa ceremonia de designación fue lo que destiló el ya candidato a la Generalitat durante su intervención: una ambición desmedida de poder, el hecho de considerar Catalunya como patrimonio propio (en eso no han cambiado durante los seis años de oposición); hacer ver que las dos legislaturas de gobierno de izquierdas han sido un accidente histórico, y, lo más grave, hablar sin reparos de lo que él llama la "necesidad de reconstrucción nacional de Catalunya". ¡Catalunya arrasada por el tripartito! Huelga decir que las verdaderas reconstrucciones, las necesarias, se hacen para superar letargos y devastaciones ocasionadas por períodos de dictadura, de limitación de la democracia y de supresión de libertades. Nunca pueden ejercerse ni predicarse sobre etapas de progreso social, de avances en el autogobierno, de aprobación de grandes leyes ciudadanas e importantes acuerdos de país.

Pero más allá de la barbaridad del fondo del discurso en sí mismo, la verdadera duda consiste en saber con quién se supone que pretenden llevar a cabo esta llamada "reconstrucción nacional". Muchas opciones no tienen... Ahí va una pista: Duran ha dicho que una sentencia restrictiva del Estatut dificultaría acuerdos con el PP. Dicho de otro modo, las maniobras de aproximación al PP ya hace tiempo que han empezado. Siempre que ha sido aritméticamente posible, siempre que han podido, CiU y PP han pactado. En España y en Catalunya. Y no tengo la menor duda de que, si la aritmética parlamentaria se lo permite, lo volverán a hacer. Pactarán con el mismo PP que les llevó a la oposición. Con el PP del recurso al Estatuto. Con el PP en contra del sistema de financiación. Con el PP xenófobo de Sánchez Camacho y el "en España y en Catalunya no cabemos todos". Otra pista para encontrar el aliado indispensable para la "reconstrucción nacional": estos últimos días el mismo dirigente de CiU ha defendido a capa y espada que no se empadrone a los inmigrantes sin papeles y, al día siguiente, foto de familia de dirigentes y cargos públicos de CiU arropando al alcalde de Vic. ¿Pura casualidad? Ah, por cierto, ¡cabían todos en la foto!

Article publicat a la revista El Silgo 25/01/2010