divendres, 23 d’abril del 2010
dilluns, 19 d’abril del 2010
Cascos y el silencio de Rajoy
Hace poco más de un año, Mariano Rajoy compareció en la sede de la calle Génova rodeado de la plana mayor del Partido Popular para denunciar lo que consideró una trama de policías, jueces y fiscales contra su partido. Básicamente posaron para una foto. Pero esa foto, llena de dirigentes nacionales y regionales, y en la que prácticamente no cabía nadie más, fue el anuncio de lo que iba a ser su estrategia contra la investigación judicial puesta en marcha para desenmascarar la mayor trama de corrupción política que ha habido en nuestro país. Fue, ni más ni menos, un intento de deslegitimar las instituciones democráticas encargadas de llevarla a cabo. Esa presunta conspiración denunciada por el PP es hoy el caso Gürtel.
Dos observaciones al respecto. La primera es que nadie en el PP parece acordarse de aquella foto. Ni de lo que supuso. Lo que demuestra que aquello no fue más que una huida hacia adelante y un intento desesperado de intentar pasar, ante la opinión pública, de responsables de un delito de corrupción a víctimas de una conspiración. Tampoco nadie parece acordarse de las denuncias formuladas por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, de que su partido y ella eran objeto de escuchas ilegales por parte del Ministerio del Interior. Por cierto, ¿en qué quedó todo aquello? ¿Llegó nunca a probarlo? Y digo que no se acuerdan, porque si tuvieran una pizca de memoria, un mínimo recuerdo de lo que allí dijeron e hicieron, la vergüenza o la coherencia les impediría hacer los comentarios que estos días estamos escuchando acerca de la celebración del acto de la Universidad Complutense en apoyo al juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón.
Fíjense en la paradoja: a pesar de llenarse siempre la boca con grandilocuencias en defensa del Estado de derecho y del respeto a la justicia, el PP llegó a calificar la instrucción del caso Gürtel como una persecución policial y judicial hacia su partido. Sin embargo, un acto en sede universitaria de apoyo al juez Garzón, es tildado de antidemocrático por el propio Rajoy. ¿En qué quedamos? Parecen casos distintos, pero tienen mucho en común. ¡Vaya si tienen en común! Tanto, que Garzón fue el instructor del caso Gürtel. En fin, que casi podía haber sido él mismo el autor de la foto de Rajoy y los suyos en la calle Génova. Es evidente que no les gustó cómo quedaron retratados. Lo único en lo que no coinciden ambos actos es en la reacción del PP.
Y la segunda observación. Por si en algún momento a alguien del PP se le pasase ni tan siquiera por la cabeza bajar la tensión o ceder en este asunto, en fin, si alguien intentase salirse de la foto, aparece en escena ni más ni menos que el mismísimo Álvarez-Cascos, afirmando con tanto desparpajo como impunidad, que en relación al caso Gürtel existe una "camarilla" de policías dedicada a fabricar pruebas. ¡Viva el Estado de derecho! Y no sólo eso. Por si no le hubiéramos oído bien, Esperanza Aguirre, que también estaba en la foto, le da la razón. Y eso no es gratis. Ya verán...
Cuando se atenta contra los cimientos de nuestra democracia,cuando se fuerzan los principios democráticos establecidos en nuestra Constitución, éstos se tambalean y los ciudadanos se remueven, se retuercen y se movilizan. Porque lo que está en juego es mucho. E intuyo que esto puede ser tan o más movido que lo sucedido en España durante la guerra de Iraq a la que nos llevó Aznar y su teoría de la conspiración a raíz de los atentados del 11-M. Porque a los demócratas de nuestro país, y de fuera, les duele que los falangistas puedan sentar a Garzón en el banquillo por intentar recuperar la memoria de las víctimas de la dictadura. Mientras, Rajoy ni desmiente, ni corrige, ni desautoriza. Con su silencio ampara, consiente, y por lo tanto admite y comparte, todas y cada una de esas afirmaciones. Flaco favor hace a nuestra democracia. Y a él mismo y a su propio partido. A los que esperaban de él una oposición leal y constructiva, moderna y europeísta. Y si en algún momento ha osado intentarlo, aunque sea tímidamente, aparece Aznar levantando hacia el cielo su dedo corazón, recordándole que todo eso no es ni espontáneo, ni por casualidad. El PP sigue siendo mayoritariamente un partido rancio, lleno de trasnochados, nostálgicos y personajes esperpénticos. La aparición de Aznar y Álvarez-Cascos ya no es que sea un insulto a la inteligencia. Es el ejemplo del culto a la mediocridad. En fin, parece que tendremos que esperar...
Article publicat a la revista El Siglo 10/04/2010
Dos observaciones al respecto. La primera es que nadie en el PP parece acordarse de aquella foto. Ni de lo que supuso. Lo que demuestra que aquello no fue más que una huida hacia adelante y un intento desesperado de intentar pasar, ante la opinión pública, de responsables de un delito de corrupción a víctimas de una conspiración. Tampoco nadie parece acordarse de las denuncias formuladas por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, de que su partido y ella eran objeto de escuchas ilegales por parte del Ministerio del Interior. Por cierto, ¿en qué quedó todo aquello? ¿Llegó nunca a probarlo? Y digo que no se acuerdan, porque si tuvieran una pizca de memoria, un mínimo recuerdo de lo que allí dijeron e hicieron, la vergüenza o la coherencia les impediría hacer los comentarios que estos días estamos escuchando acerca de la celebración del acto de la Universidad Complutense en apoyo al juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón.
Fíjense en la paradoja: a pesar de llenarse siempre la boca con grandilocuencias en defensa del Estado de derecho y del respeto a la justicia, el PP llegó a calificar la instrucción del caso Gürtel como una persecución policial y judicial hacia su partido. Sin embargo, un acto en sede universitaria de apoyo al juez Garzón, es tildado de antidemocrático por el propio Rajoy. ¿En qué quedamos? Parecen casos distintos, pero tienen mucho en común. ¡Vaya si tienen en común! Tanto, que Garzón fue el instructor del caso Gürtel. En fin, que casi podía haber sido él mismo el autor de la foto de Rajoy y los suyos en la calle Génova. Es evidente que no les gustó cómo quedaron retratados. Lo único en lo que no coinciden ambos actos es en la reacción del PP.
Y la segunda observación. Por si en algún momento a alguien del PP se le pasase ni tan siquiera por la cabeza bajar la tensión o ceder en este asunto, en fin, si alguien intentase salirse de la foto, aparece en escena ni más ni menos que el mismísimo Álvarez-Cascos, afirmando con tanto desparpajo como impunidad, que en relación al caso Gürtel existe una "camarilla" de policías dedicada a fabricar pruebas. ¡Viva el Estado de derecho! Y no sólo eso. Por si no le hubiéramos oído bien, Esperanza Aguirre, que también estaba en la foto, le da la razón. Y eso no es gratis. Ya verán...
Cuando se atenta contra los cimientos de nuestra democracia,cuando se fuerzan los principios democráticos establecidos en nuestra Constitución, éstos se tambalean y los ciudadanos se remueven, se retuercen y se movilizan. Porque lo que está en juego es mucho. E intuyo que esto puede ser tan o más movido que lo sucedido en España durante la guerra de Iraq a la que nos llevó Aznar y su teoría de la conspiración a raíz de los atentados del 11-M. Porque a los demócratas de nuestro país, y de fuera, les duele que los falangistas puedan sentar a Garzón en el banquillo por intentar recuperar la memoria de las víctimas de la dictadura. Mientras, Rajoy ni desmiente, ni corrige, ni desautoriza. Con su silencio ampara, consiente, y por lo tanto admite y comparte, todas y cada una de esas afirmaciones. Flaco favor hace a nuestra democracia. Y a él mismo y a su propio partido. A los que esperaban de él una oposición leal y constructiva, moderna y europeísta. Y si en algún momento ha osado intentarlo, aunque sea tímidamente, aparece Aznar levantando hacia el cielo su dedo corazón, recordándole que todo eso no es ni espontáneo, ni por casualidad. El PP sigue siendo mayoritariamente un partido rancio, lleno de trasnochados, nostálgicos y personajes esperpénticos. La aparición de Aznar y Álvarez-Cascos ya no es que sea un insulto a la inteligencia. Es el ejemplo del culto a la mediocridad. En fin, parece que tendremos que esperar...
Article publicat a la revista El Siglo 10/04/2010
divendres, 16 d’abril del 2010
Declaració institucional del president de la Generalitat
Avui hem sabut que, un cop més, el Tribunal Constitucional ha estat incapaç d’arribar a un acord i emetre una sentència sobre l’Estatut d’Autonomia de Catalunya.
No és el primer cop que això passa. Els magistrats porten així més de 3 anys i mig.
Hem mantingut la calma. Hem mantingut la calma i la serenitat durant tot aquest temps. I la mantindrem.
Hem treballat amb tranquil·litat. Amb tranquil·litat i fermesa. I seguirem treballant.
I hem manifestat en tot moment el respecte a l’Alt Tribunal i, també, el nostre dret a discrepar i a mantenir la nostra convicció i la nostra afirmació de la plena constitucionalitat de l’Estatut.
I no hem deixat de desplegar l’Estatut d’Autonomia de Catalunya, convençuts que és el millor per Catalunya, i perquè és la nostra obligació.
L’Estatut d’Autonomia de Catalunya porta en vigor 1.346 dies. Amb total normalitat. Ha permès eixamplar l’autogovern de Catalunya i, en contra del que deien els que l’han impugnat, no ha trencat Espanya.
L’estem desplegant amb intensitat, servint els interessos dels catalans i catalanes, i desenvolupant el pacte polític entre les institucions catalanes i espanyoles, que els ciutadans van refrendar.
Per això el procés de discussió de la sentència no és normal, i és vist amb recel. I és comprensible el sentiment de fatiga que aquest llarg procés, i la seva incertesa, provoquen en l’opinió pública catalana.
Amb tot el respecte institucional, potser ha arribat el moment de dir que ni Catalunya ni Espanya han de suportar una nova fase de desgast i descrèdit d’una de les institucions més rellevants del nostre sistema polític.
El TC hauria de reflexionar sobre si, amb la seva composició actual, està en condicions de treballar amb la normalitat i la serenor que la seva alta funció reclama.
Cal recordar la situació anòmala del TC pel que fa a la seva composició i el bloqueig de la seva renovació quan quatre dels seus membres ja fa molt de temps que han culminat el seu mandat.
El TC hauria de reconèixer també el fet que si després de més de 3 anys i mig ha estat incapaç de dictaminar sobre la seva inconstitucionalitat, potser ha arribat el moment de dir ja
que l’Estatut és senzillament, constitucional, com així creiem els que el varem aprovar, institucions i ciutadans.
El TC hauria de veure també si, per respecte a la seva responsabilitat en l’equilibri
institucional de l’Estat de Dret, ha arribat el moment d’obrir una nova etapa. La renovació del Tribunal Constitucional és avui inexcusable.
En aquest sentit m’adreçaré al president del Govern espanyol i al líder del PP per exigir-los que impulsin la renovació immediata del TC per tal de permetre que desenvolupi amb normalitat les seves funcions.
Bona nit.
No és el primer cop que això passa. Els magistrats porten així més de 3 anys i mig.
Hem mantingut la calma. Hem mantingut la calma i la serenitat durant tot aquest temps. I la mantindrem.
Hem treballat amb tranquil·litat. Amb tranquil·litat i fermesa. I seguirem treballant.
I hem manifestat en tot moment el respecte a l’Alt Tribunal i, també, el nostre dret a discrepar i a mantenir la nostra convicció i la nostra afirmació de la plena constitucionalitat de l’Estatut.
I no hem deixat de desplegar l’Estatut d’Autonomia de Catalunya, convençuts que és el millor per Catalunya, i perquè és la nostra obligació.
L’Estatut d’Autonomia de Catalunya porta en vigor 1.346 dies. Amb total normalitat. Ha permès eixamplar l’autogovern de Catalunya i, en contra del que deien els que l’han impugnat, no ha trencat Espanya.
L’estem desplegant amb intensitat, servint els interessos dels catalans i catalanes, i desenvolupant el pacte polític entre les institucions catalanes i espanyoles, que els ciutadans van refrendar.
Per això el procés de discussió de la sentència no és normal, i és vist amb recel. I és comprensible el sentiment de fatiga que aquest llarg procés, i la seva incertesa, provoquen en l’opinió pública catalana.
Amb tot el respecte institucional, potser ha arribat el moment de dir que ni Catalunya ni Espanya han de suportar una nova fase de desgast i descrèdit d’una de les institucions més rellevants del nostre sistema polític.
El TC hauria de reflexionar sobre si, amb la seva composició actual, està en condicions de treballar amb la normalitat i la serenor que la seva alta funció reclama.
Cal recordar la situació anòmala del TC pel que fa a la seva composició i el bloqueig de la seva renovació quan quatre dels seus membres ja fa molt de temps que han culminat el seu mandat.
El TC hauria de reconèixer també el fet que si després de més de 3 anys i mig ha estat incapaç de dictaminar sobre la seva inconstitucionalitat, potser ha arribat el moment de dir ja
que l’Estatut és senzillament, constitucional, com així creiem els que el varem aprovar, institucions i ciutadans.
El TC hauria de veure també si, per respecte a la seva responsabilitat en l’equilibri
institucional de l’Estat de Dret, ha arribat el moment d’obrir una nova etapa. La renovació del Tribunal Constitucional és avui inexcusable.
En aquest sentit m’adreçaré al president del Govern espanyol i al líder del PP per exigir-los que impulsin la renovació immediata del TC per tal de permetre que desenvolupi amb normalitat les seves funcions.
Bona nit.
dimarts, 9 de març del 2010
¿Dónde está Rajoy?
Desde la celebración el pasado día 17 de febrero del debate sobre la situación económica española y las medidas que el Gobierno pretende llevar a cabo para salir de la crisis, Mariano Rajoy está desaparecido.
El presidente del Gobierno volvió a ganarle en sede parlamentaria. Se impuso en el debate de las ideas, en el de las propuestas y en el del liderazgo. La inmensa mayoría de los españoles está pidiendo que los partidos dejen a un lado tacticismos cortoplacistas para conseguir réditos electorales, y se centren en conseguir un pacto de Estado que nos permita salir de la crisis en la que estamos inmersos.
Sorprendentemente, Rajoy hizo oídos sordos a ese clamor ciudadano y prefirió enfocar el debate sobre la idea, desafortunada, de que lo prioritario no es sacar a España de la crisis, sino sacar al PSOE del Gobierno y convocar elecciones cuanto antes. Y, claro, no contempló la posibilidad de que Zapatero compareciera con una oferta real de pacto y de mano tendida a todos los partidos de la oposición. Confrontación política de alto voltaje sin contenido programático ni afán constructivo, frente a una oferta sincera de consenso y de unidad política. Bronca, frente a conciliación y acuerdo. Rajoy quedó en evidencia, completamente desdibujado, sin propuestas concretas y sin capacidad para comprometerse.
Y lo mejor, la oferta fue concreta y con contenido. Una oferta de pacto de Estado basada en cuatro grandes ejes estratégicos: mejorar nuestra competitividad y fomentar la creación de empleo; un pacto industrial para impulsar la innovación del modelo productivo; asegurar la reducción del déficit, y la remodelación del sistema financiero en lo relativoa la estabilidad, la morosidad y el acceso al crédito. Y con plazo concreto: dos meses para cerrarlo. No hay tiempo que perder.
En definitiva, el presidente situó a Rajoy en la encrucijada. Éste es el momento de la verdad. El momento de actuar de forma responsable y patriótica. El momento de actuar con altura de miras, con lealtad y con sentido de Estado. Rajoy no tenía escapatoria. Pero tampoco respuesta. No la dio durante el debate. Y, nadie le ha visto ha visto desde entonces... ¿Se esconde aturdido por una nueva derrota parlamentaria? ¿Es incapaz de reaccionar ante una propuesta de pacto tan explícita? O ¿Quizás es que el debate sirvió también para evidenciar que el PP no tiene una alternativa económica?
Tan sólo una semana después del debate, el Gobierno elaboró un documento con una propuesta de acuerdo. Medidas concretas, como rebajas fiscales para la rehabilitación de viviendas, para recuperar más de 350.000 empleos; la puesta a disposición para pymes de créditos de hasta 200.000 euros a través del ICO; un verdadero esfuerzo de austeridad pública; la garantía de pago a proveedores en un plazo inferior a 60 días o 30 si es una Administración pública y la apuesta firme por un nuevo modelo energético con unamayor presencia de la energía eólica y solar.
En definitiva, medidas para garantizar la solvencia de España y recuperar la buena salud de nuestra deuda pública, fundamentales para conseguir la credibilidad de nuestras cuentas públicas, la valoración de nuestra economía y de nuestras empresas en el exterior y en los mercados internacionales.
Zapatero ha cogido el timón de la situación. A pesar de las críticas recibidas, el Gobierno ha venido actuando frente a la crisis con un plan de acción coherente desde el principio. Así, inicialmente, y frente a las primeras consecuencias de la crisis, apoyó al sector financiero y se tomaron acciones destinadas a frenar lo más duro del golpe para contener la recesión, mantener el empleo y la cohesión social. Ahora debe concentrarse en impulsar la recuperación. Y lo va a hacer. Con o sin el PP.
En este contexto hay algunos datos que invitan a la esperanza. Como afirmaba el economista Antón Costas hace unos días en un artículo, "hay algunas señales que anticipan una pronta salida de España de la UVI. El consumo eléctrico despierta. La demanda de las familias sale de la anorexia. La producción industrial se mueve al alza. La inversión en equipo se desentumece. Las exportaciones avanzan. Las reservas hoteleras aumentan. La deuda de las familias desciende. Las tarjetas de débito comienzan a moverse. Son muchas señales de que estamos ante un efecto brinco".
Hay plan, hay voluntad de pacto y el PP y su líder, hoy desaparecido, deben decidir si siguen generando crispación o están preparados para pactar. Estamos a la espera.
Article publicat a la revista El Siglo el 08/03/2010
El presidente del Gobierno volvió a ganarle en sede parlamentaria. Se impuso en el debate de las ideas, en el de las propuestas y en el del liderazgo. La inmensa mayoría de los españoles está pidiendo que los partidos dejen a un lado tacticismos cortoplacistas para conseguir réditos electorales, y se centren en conseguir un pacto de Estado que nos permita salir de la crisis en la que estamos inmersos.
Sorprendentemente, Rajoy hizo oídos sordos a ese clamor ciudadano y prefirió enfocar el debate sobre la idea, desafortunada, de que lo prioritario no es sacar a España de la crisis, sino sacar al PSOE del Gobierno y convocar elecciones cuanto antes. Y, claro, no contempló la posibilidad de que Zapatero compareciera con una oferta real de pacto y de mano tendida a todos los partidos de la oposición. Confrontación política de alto voltaje sin contenido programático ni afán constructivo, frente a una oferta sincera de consenso y de unidad política. Bronca, frente a conciliación y acuerdo. Rajoy quedó en evidencia, completamente desdibujado, sin propuestas concretas y sin capacidad para comprometerse.
Y lo mejor, la oferta fue concreta y con contenido. Una oferta de pacto de Estado basada en cuatro grandes ejes estratégicos: mejorar nuestra competitividad y fomentar la creación de empleo; un pacto industrial para impulsar la innovación del modelo productivo; asegurar la reducción del déficit, y la remodelación del sistema financiero en lo relativoa la estabilidad, la morosidad y el acceso al crédito. Y con plazo concreto: dos meses para cerrarlo. No hay tiempo que perder.
En definitiva, el presidente situó a Rajoy en la encrucijada. Éste es el momento de la verdad. El momento de actuar de forma responsable y patriótica. El momento de actuar con altura de miras, con lealtad y con sentido de Estado. Rajoy no tenía escapatoria. Pero tampoco respuesta. No la dio durante el debate. Y, nadie le ha visto ha visto desde entonces... ¿Se esconde aturdido por una nueva derrota parlamentaria? ¿Es incapaz de reaccionar ante una propuesta de pacto tan explícita? O ¿Quizás es que el debate sirvió también para evidenciar que el PP no tiene una alternativa económica?
Tan sólo una semana después del debate, el Gobierno elaboró un documento con una propuesta de acuerdo. Medidas concretas, como rebajas fiscales para la rehabilitación de viviendas, para recuperar más de 350.000 empleos; la puesta a disposición para pymes de créditos de hasta 200.000 euros a través del ICO; un verdadero esfuerzo de austeridad pública; la garantía de pago a proveedores en un plazo inferior a 60 días o 30 si es una Administración pública y la apuesta firme por un nuevo modelo energético con unamayor presencia de la energía eólica y solar.
En definitiva, medidas para garantizar la solvencia de España y recuperar la buena salud de nuestra deuda pública, fundamentales para conseguir la credibilidad de nuestras cuentas públicas, la valoración de nuestra economía y de nuestras empresas en el exterior y en los mercados internacionales.
Zapatero ha cogido el timón de la situación. A pesar de las críticas recibidas, el Gobierno ha venido actuando frente a la crisis con un plan de acción coherente desde el principio. Así, inicialmente, y frente a las primeras consecuencias de la crisis, apoyó al sector financiero y se tomaron acciones destinadas a frenar lo más duro del golpe para contener la recesión, mantener el empleo y la cohesión social. Ahora debe concentrarse en impulsar la recuperación. Y lo va a hacer. Con o sin el PP.
En este contexto hay algunos datos que invitan a la esperanza. Como afirmaba el economista Antón Costas hace unos días en un artículo, "hay algunas señales que anticipan una pronta salida de España de la UVI. El consumo eléctrico despierta. La demanda de las familias sale de la anorexia. La producción industrial se mueve al alza. La inversión en equipo se desentumece. Las exportaciones avanzan. Las reservas hoteleras aumentan. La deuda de las familias desciende. Las tarjetas de débito comienzan a moverse. Son muchas señales de que estamos ante un efecto brinco".
Hay plan, hay voluntad de pacto y el PP y su líder, hoy desaparecido, deben decidir si siguen generando crispación o están preparados para pactar. Estamos a la espera.
Article publicat a la revista El Siglo el 08/03/2010
diumenge, 31 de gener del 2010
Ascó: lliçons apreses
Fa pocs dies escoltava amb perplexitat com una senyora, propietària d’una casa rural a Ascó exclamava afligida i consternada que si finalment s’instal•lava un magatzem de residus nuclears al poble, repercutiria negativament sobre l’activitat turística; les reserves es reduirien dràsticament fins al punt que ningú voldria anar-hi; no podrien amortitzar les inversions efectuades i potser, fins i tot, haurien de tancar.
La paradoxa d’aquesta afirmació, és que actualment l’establiment gaudeix de plena ocupació, malgrat estar ubicat en un terme municipal en el qual hi ha instal•lats dos reactors nuclears! Què era el que volia dir-nos aquella empresària hotelera? Molt probablement, que les mobilitzacions, manifestacions, la crispació i algunes de les afirmacions efectuades aquestes darreres setmanes sobre la ubicació d’un MTC que emmagatzemi els residus nuclears, han acabat per estigmatitzar un territori i una població. Un territori que ja tenia interioritzada i assumida l’energia nuclear. No és l’MTC en si mateix el que “espantaria” els potencials turistes, sinó assenyalar Ascó i la Ribera d’Ebre com un territori irradiat.
Poso aquesta anècdota com exemple que, segurament, algunes accions i comportaments poden acabar girant-se contra nosaltres mateixos. Crec sincerament que el Govern central ha estat encertat quan ha decidit iniciar el procediment per la construcció d’un magatzem centralitzat de residus nuclears. Mai cap govern anterior s’havia atrevit a fer-ho. Estem, per tant, davant d’un govern valent i responsable. Responsable perquè des que l’any 1.968 es va decidir construir la primera central nuclear a Espanya, la José Cabrera a Almonacid de Zorita (Guadalajara), teníem pendent solucionar definitivament el tema dels residus. No n’hi ha prou amb emmagatzemar-los a l’exterior de cadascuna de les centrals: és antieconòmic, es diversifiquen els costos i se’n ressent la seguretat. Tampoc no sembla raonable, ni responsable, enviar-los a França com vàrem fer amb els de Vandellòs I que, per cert, han de tornar d’aquí exactament 11 mesos.
Iniciar el procés per a la construcció d’un MTC no significa apostar per l’energia nuclear, com alguns han volgut fer-nos creure. I molt menys quan tenim el president del Govern més antinuclear de la història d’Espanya, que ha fixat en 40 anys la vida útil de les centrals nuclears en el nostre país, tal i com recull l’avantprojecte de llei d’economia sostenible. Un MTC és la resposta responsable d’un govern als nostres propis residus nuclears. Una resposta que solucionarà el problema per sempre, perquè és la millor de les solucions possibles i perquè ofereix la màxima seguretat física i tecnològica. I això ha de ser objecte de reconeixement.
Estic convençut que l’alcalde i els regidors d’Ascó que varen votar a favor de presentar-se com a candidats per ser emplaçament d’aquest magatzem creuen veritablement que aquest equipament, juntament amb el Centre Tecnològic associat, el talent i capital humà que atraurà, el parc empresarial i les inversions directes i indirectes que el municipi i la zona rebran, són bons pels seus ciutadans, per la seva dinamització econòmica i alhora és una bona opció de futur. Valoro i respecto la seva decisió.
Però és veritat que l’inici d’aquest procés ha generat alguna oposició. Dic alguna perquè darrerament només s’han sentit els partidaris del ‘NO’. I tot i que a la vida qualsevol veu, raonament, organització, plataforma o associació s’ha d’escoltar -més que res, perquè podria ser que tinguessin raó-, al final tot s’ha de posar en els seus justos termes. I els governs han de prendre decisions.
Les veus del ‘NO’s’han fet sentir. Però no han aportat solucions. La decisió del govern és necessària i responsable. Però no ha aconseguit el consens necessari. És per tant evident que cal un MTC, però que aquest no es pot construir sense consens. I aquesta és segurament la darrera lliçó que hem d’extreure de l’episodi d’Ascó: fa falta més pedagogia i, sobretot, més consens. Territorial i social. Perquè el polític, majoritàriament, ja hi és. Un consens sense el qual el President Zapatero ja ha dit que no es prendrà cap decisió. A hores d’ara hi ha 11 municipis candidats a tota Espanya. El procés s’ha iniciat. I acabarà bé. Posem-nos a treballar.
Article publicat al Diari de Tarragona (31/01/10)
La paradoxa d’aquesta afirmació, és que actualment l’establiment gaudeix de plena ocupació, malgrat estar ubicat en un terme municipal en el qual hi ha instal•lats dos reactors nuclears! Què era el que volia dir-nos aquella empresària hotelera? Molt probablement, que les mobilitzacions, manifestacions, la crispació i algunes de les afirmacions efectuades aquestes darreres setmanes sobre la ubicació d’un MTC que emmagatzemi els residus nuclears, han acabat per estigmatitzar un territori i una població. Un territori que ja tenia interioritzada i assumida l’energia nuclear. No és l’MTC en si mateix el que “espantaria” els potencials turistes, sinó assenyalar Ascó i la Ribera d’Ebre com un territori irradiat.
Poso aquesta anècdota com exemple que, segurament, algunes accions i comportaments poden acabar girant-se contra nosaltres mateixos. Crec sincerament que el Govern central ha estat encertat quan ha decidit iniciar el procediment per la construcció d’un magatzem centralitzat de residus nuclears. Mai cap govern anterior s’havia atrevit a fer-ho. Estem, per tant, davant d’un govern valent i responsable. Responsable perquè des que l’any 1.968 es va decidir construir la primera central nuclear a Espanya, la José Cabrera a Almonacid de Zorita (Guadalajara), teníem pendent solucionar definitivament el tema dels residus. No n’hi ha prou amb emmagatzemar-los a l’exterior de cadascuna de les centrals: és antieconòmic, es diversifiquen els costos i se’n ressent la seguretat. Tampoc no sembla raonable, ni responsable, enviar-los a França com vàrem fer amb els de Vandellòs I que, per cert, han de tornar d’aquí exactament 11 mesos.
Iniciar el procés per a la construcció d’un MTC no significa apostar per l’energia nuclear, com alguns han volgut fer-nos creure. I molt menys quan tenim el president del Govern més antinuclear de la història d’Espanya, que ha fixat en 40 anys la vida útil de les centrals nuclears en el nostre país, tal i com recull l’avantprojecte de llei d’economia sostenible. Un MTC és la resposta responsable d’un govern als nostres propis residus nuclears. Una resposta que solucionarà el problema per sempre, perquè és la millor de les solucions possibles i perquè ofereix la màxima seguretat física i tecnològica. I això ha de ser objecte de reconeixement.
Estic convençut que l’alcalde i els regidors d’Ascó que varen votar a favor de presentar-se com a candidats per ser emplaçament d’aquest magatzem creuen veritablement que aquest equipament, juntament amb el Centre Tecnològic associat, el talent i capital humà que atraurà, el parc empresarial i les inversions directes i indirectes que el municipi i la zona rebran, són bons pels seus ciutadans, per la seva dinamització econòmica i alhora és una bona opció de futur. Valoro i respecto la seva decisió.
Però és veritat que l’inici d’aquest procés ha generat alguna oposició. Dic alguna perquè darrerament només s’han sentit els partidaris del ‘NO’. I tot i que a la vida qualsevol veu, raonament, organització, plataforma o associació s’ha d’escoltar -més que res, perquè podria ser que tinguessin raó-, al final tot s’ha de posar en els seus justos termes. I els governs han de prendre decisions.
Les veus del ‘NO’s’han fet sentir. Però no han aportat solucions. La decisió del govern és necessària i responsable. Però no ha aconseguit el consens necessari. És per tant evident que cal un MTC, però que aquest no es pot construir sense consens. I aquesta és segurament la darrera lliçó que hem d’extreure de l’episodi d’Ascó: fa falta més pedagogia i, sobretot, més consens. Territorial i social. Perquè el polític, majoritàriament, ja hi és. Un consens sense el qual el President Zapatero ja ha dit que no es prendrà cap decisió. A hores d’ara hi ha 11 municipis candidats a tota Espanya. El procés s’ha iniciat. I acabarà bé. Posem-nos a treballar.
Article publicat al Diari de Tarragona (31/01/10)
dijous, 28 de gener del 2010
¡Aquí no cabemos todos!
El domingo de la semana pasada CiU protagonizó la tercera entronización consecutiva de Artur Mas como candidato a la Presidencia de la Generalitat para las elecciones al Parlament del próximo otoño. Las dos anteriores no le fueron nada bien. Sin embargo, la federación nacionalista ha decidido apostar nuevamente, y por última vez, por el mismo cabeza de cartel.
CiU ha querido con esta anticipación dar un mensaje a la ciudadanía: la legislatura está agotada y, con la llegada del año nuevo, entramos en campaña electoral. Pero lo cierto es que las elecciones aún no están convocadas, y por los menos quedan aún diez meses para su celebración. Esta actitud comportará que CiU no participe en la tramitación legislativa de ninguna ley de país, ni facilite ningún tipo de acuerdo vital para Catalunya, como la ley electoral o la ley de organización territorial. Tampoco es indispensable. CiU está en la oposición y el Govern de la Generalitat tiene mayoría parlamentaria suficiente para sacar sus iniciativas adelante. Y más aún: cuando ellos dan por acabada la legislatura, el Govern sigue trabajando. Y bien. Cerrando acuerdos con el Gobierno de España como el de financiación o la transferencia del servicio de cercanías a la Generalitat, o poniendo en servicio infraestructuras estratégicas para la dinamización económica de Catalunya y su cohesión social y territorial.
Fíjense en la paradoja: el mismo fin de semana en que CiU flirteaba con el independentismo, participando activamente en las consultas populares por la independencia, Montilla ponía en servicio la L-9 del Metro de Barcelona. Y el mismo día en que el president Montilla inauguraba el aeropuerto de Lleida-Alguaire, el primero de titularidad de la Generalitat, CiU prefirió dedicarlo a la elección de Mas como candidato electoral. Creo sinceramente que alguien que aspira a ser president de la Generalitat debería estar en este tipo de acontecimientos. Pero en fin, una vez más, se antepone el partido al país...
La legislatura catalana no está agotada, ni mucho menos. Y el Govern ha dado claros signos de que seguirá trabajando hasta el final, como lo ha hecho hasta ahora: sin descanso y sacando adelante iniciativas que ayuden a la reactivación económica de Catalunya y contribuyan a un mejor bienestar social de todos sus ciudadanos. Sin pensar –porque no toca– en el electoralismo cortoplacista que ha empezado a desplegar CiU y que, previsiblemente, les condenará a llegar a la campaña electoral con el paso cambiado y las fuerzas mermadas. Ellos sabrán.
Pero lo peor de esa ceremonia de designación fue lo que destiló el ya candidato a la Generalitat durante su intervención: una ambición desmedida de poder, el hecho de considerar Catalunya como patrimonio propio (en eso no han cambiado durante los seis años de oposición); hacer ver que las dos legislaturas de gobierno de izquierdas han sido un accidente histórico, y, lo más grave, hablar sin reparos de lo que él llama la "necesidad de reconstrucción nacional de Catalunya". ¡Catalunya arrasada por el tripartito! Huelga decir que las verdaderas reconstrucciones, las necesarias, se hacen para superar letargos y devastaciones ocasionadas por períodos de dictadura, de limitación de la democracia y de supresión de libertades. Nunca pueden ejercerse ni predicarse sobre etapas de progreso social, de avances en el autogobierno, de aprobación de grandes leyes ciudadanas e importantes acuerdos de país.
Pero más allá de la barbaridad del fondo del discurso en sí mismo, la verdadera duda consiste en saber con quién se supone que pretenden llevar a cabo esta llamada "reconstrucción nacional". Muchas opciones no tienen... Ahí va una pista: Duran ha dicho que una sentencia restrictiva del Estatut dificultaría acuerdos con el PP. Dicho de otro modo, las maniobras de aproximación al PP ya hace tiempo que han empezado. Siempre que ha sido aritméticamente posible, siempre que han podido, CiU y PP han pactado. En España y en Catalunya. Y no tengo la menor duda de que, si la aritmética parlamentaria se lo permite, lo volverán a hacer. Pactarán con el mismo PP que les llevó a la oposición. Con el PP del recurso al Estatuto. Con el PP en contra del sistema de financiación. Con el PP xenófobo de Sánchez Camacho y el "en España y en Catalunya no cabemos todos". Otra pista para encontrar el aliado indispensable para la "reconstrucción nacional": estos últimos días el mismo dirigente de CiU ha defendido a capa y espada que no se empadrone a los inmigrantes sin papeles y, al día siguiente, foto de familia de dirigentes y cargos públicos de CiU arropando al alcalde de Vic. ¿Pura casualidad? Ah, por cierto, ¡cabían todos en la foto!
Article publicat a la revista El Silgo 25/01/2010
CiU ha querido con esta anticipación dar un mensaje a la ciudadanía: la legislatura está agotada y, con la llegada del año nuevo, entramos en campaña electoral. Pero lo cierto es que las elecciones aún no están convocadas, y por los menos quedan aún diez meses para su celebración. Esta actitud comportará que CiU no participe en la tramitación legislativa de ninguna ley de país, ni facilite ningún tipo de acuerdo vital para Catalunya, como la ley electoral o la ley de organización territorial. Tampoco es indispensable. CiU está en la oposición y el Govern de la Generalitat tiene mayoría parlamentaria suficiente para sacar sus iniciativas adelante. Y más aún: cuando ellos dan por acabada la legislatura, el Govern sigue trabajando. Y bien. Cerrando acuerdos con el Gobierno de España como el de financiación o la transferencia del servicio de cercanías a la Generalitat, o poniendo en servicio infraestructuras estratégicas para la dinamización económica de Catalunya y su cohesión social y territorial.
Fíjense en la paradoja: el mismo fin de semana en que CiU flirteaba con el independentismo, participando activamente en las consultas populares por la independencia, Montilla ponía en servicio la L-9 del Metro de Barcelona. Y el mismo día en que el president Montilla inauguraba el aeropuerto de Lleida-Alguaire, el primero de titularidad de la Generalitat, CiU prefirió dedicarlo a la elección de Mas como candidato electoral. Creo sinceramente que alguien que aspira a ser president de la Generalitat debería estar en este tipo de acontecimientos. Pero en fin, una vez más, se antepone el partido al país...
La legislatura catalana no está agotada, ni mucho menos. Y el Govern ha dado claros signos de que seguirá trabajando hasta el final, como lo ha hecho hasta ahora: sin descanso y sacando adelante iniciativas que ayuden a la reactivación económica de Catalunya y contribuyan a un mejor bienestar social de todos sus ciudadanos. Sin pensar –porque no toca– en el electoralismo cortoplacista que ha empezado a desplegar CiU y que, previsiblemente, les condenará a llegar a la campaña electoral con el paso cambiado y las fuerzas mermadas. Ellos sabrán.
Pero lo peor de esa ceremonia de designación fue lo que destiló el ya candidato a la Generalitat durante su intervención: una ambición desmedida de poder, el hecho de considerar Catalunya como patrimonio propio (en eso no han cambiado durante los seis años de oposición); hacer ver que las dos legislaturas de gobierno de izquierdas han sido un accidente histórico, y, lo más grave, hablar sin reparos de lo que él llama la "necesidad de reconstrucción nacional de Catalunya". ¡Catalunya arrasada por el tripartito! Huelga decir que las verdaderas reconstrucciones, las necesarias, se hacen para superar letargos y devastaciones ocasionadas por períodos de dictadura, de limitación de la democracia y de supresión de libertades. Nunca pueden ejercerse ni predicarse sobre etapas de progreso social, de avances en el autogobierno, de aprobación de grandes leyes ciudadanas e importantes acuerdos de país.
Pero más allá de la barbaridad del fondo del discurso en sí mismo, la verdadera duda consiste en saber con quién se supone que pretenden llevar a cabo esta llamada "reconstrucción nacional". Muchas opciones no tienen... Ahí va una pista: Duran ha dicho que una sentencia restrictiva del Estatut dificultaría acuerdos con el PP. Dicho de otro modo, las maniobras de aproximación al PP ya hace tiempo que han empezado. Siempre que ha sido aritméticamente posible, siempre que han podido, CiU y PP han pactado. En España y en Catalunya. Y no tengo la menor duda de que, si la aritmética parlamentaria se lo permite, lo volverán a hacer. Pactarán con el mismo PP que les llevó a la oposición. Con el PP del recurso al Estatuto. Con el PP en contra del sistema de financiación. Con el PP xenófobo de Sánchez Camacho y el "en España y en Catalunya no cabemos todos". Otra pista para encontrar el aliado indispensable para la "reconstrucción nacional": estos últimos días el mismo dirigente de CiU ha defendido a capa y espada que no se empadrone a los inmigrantes sin papeles y, al día siguiente, foto de familia de dirigentes y cargos públicos de CiU arropando al alcalde de Vic. ¿Pura casualidad? Ah, por cierto, ¡cabían todos en la foto!
Article publicat a la revista El Silgo 25/01/2010
divendres, 11 de desembre del 2009
La liebre y la tortuga
Cuenta la fábula que una tortuga y una liebre discutían sobre quién de las dos era más rápida. Para resolver la duda decidieron echar una carrera. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente el primer tramo del recorrido. Al rato, viendo que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar, recuperar fuerzas y continuar su marcha. Pero mientras se relajaba, se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento pero firme, la alcanzó, la superó y llegó primera a la línea de meta.
Las elecciones al Parlament de Catalunya serán en otoño del próximo año. Las encuestas más recientes que se han publicado indican que, a fecha de hoy, CiU ganaría estas elecciones. El PSC es el segundo partido en liza. Quizás no sea el favorito. Es posible. Pero está preparado para presentar batalla durante las 50 semanas que restan para la celebración de los comicios catalanes.
CiU lleva tiempo saboreando de antemano una posible victoria en las autonómicas. Entre sus dirigentes se denota un cierto aire de satisfacción contenida. Una euforia que les lleva a la relajación. O, lo que es peor, a la confusión. Hasta el punto de que son capaces, en una actitud francamente bipolar, de apoyar los referendos soberanistas en Catalunya y, al mismo tiempo, votar al lado del PP contra la LOFCA y los Presupuestos Generales del Estado. Estas incoherencias, en política, se pagan. Y muy caras.
No hay que desestimar nunca las capacidades del PSC ni del president Montilla. El PSC ha ganado dos veces en votos a CiU en unas elecciones autonómicas. Lo hizo en los años 1999 y 2003. A pesar de ello, la falta de un sistema electoral propio y proporcionado con la población provocó que CiU obtuviera más escaños aun cuando tenía menos votos. También ha ganado todas las elecciones generales en Catalunya. Incluso las últimas con un escenario a priori muy adverso: hundimiento del túnel del AVE a su llegada a Barcelona, apagón eléctrico sufrido en la capital y manifestaciones muy concurridas reivindicando el derecho a decidir. El PSC obtuvo 25 diputados. ¡Más que todos los otros partidos juntos!
El PSC parte por detrás en las encuestas. Cierto. Pero librará la batalla para ganar. Una batalla política que deberá basarse en los hechos, en la acción y en la gestión de gobierno llevada a cabo en los últimos años. La labor realizada en los últimos seis años al frente del Govern de la Generalitat no tiene parangón.
Y también deberá centrarse en las capacidades extraordinarias que Catalunya y los catalanes tienen por delante. Catalunya tiene el marco de autogobierno y de financiación más amplio que jamás haya tenido en su historia. La tenacidad, la perseverancia y la firmeza del president Montilla en la defensa de los intereses de Catalunya ha conseguido que tengamos definidas las reglas de juego para los próximos 20 o 25 años. Y ahora es el momento de empezar a definir el futuro con ambición. De transmitir a los ciudadanos que es posible salir de la crisis con una economía más fuerte y más competitiva y sin que nadie quede excluido del progreso. De explicar la labor sosegada y efectiva del president Montilla, que avanza con paso firme.
Este es el momento de poner en valor lo que está en juego. De que Catalunya recupere el orgullo y la autoestima que tuvo. De que vuelva a ser capaz de mirar al futuro con ilusión renovada. Con optimismo. Consciente de sus potencialidades para ser un país de vanguardia, de modernidad, de innovación, competitivo, europeo.
La modestia, la firmeza y la perseverancia siempre se imponen frente a las prisas y la arrogancia. Artur Mas ha empezado la precampaña dando saltitos. Montilla avanza con paso firme y seguro. Ya saben quién llegará antes...
Article publicat a la revista El Siglo 07/12/09
Las elecciones al Parlament de Catalunya serán en otoño del próximo año. Las encuestas más recientes que se han publicado indican que, a fecha de hoy, CiU ganaría estas elecciones. El PSC es el segundo partido en liza. Quizás no sea el favorito. Es posible. Pero está preparado para presentar batalla durante las 50 semanas que restan para la celebración de los comicios catalanes.
CiU lleva tiempo saboreando de antemano una posible victoria en las autonómicas. Entre sus dirigentes se denota un cierto aire de satisfacción contenida. Una euforia que les lleva a la relajación. O, lo que es peor, a la confusión. Hasta el punto de que son capaces, en una actitud francamente bipolar, de apoyar los referendos soberanistas en Catalunya y, al mismo tiempo, votar al lado del PP contra la LOFCA y los Presupuestos Generales del Estado. Estas incoherencias, en política, se pagan. Y muy caras.
No hay que desestimar nunca las capacidades del PSC ni del president Montilla. El PSC ha ganado dos veces en votos a CiU en unas elecciones autonómicas. Lo hizo en los años 1999 y 2003. A pesar de ello, la falta de un sistema electoral propio y proporcionado con la población provocó que CiU obtuviera más escaños aun cuando tenía menos votos. También ha ganado todas las elecciones generales en Catalunya. Incluso las últimas con un escenario a priori muy adverso: hundimiento del túnel del AVE a su llegada a Barcelona, apagón eléctrico sufrido en la capital y manifestaciones muy concurridas reivindicando el derecho a decidir. El PSC obtuvo 25 diputados. ¡Más que todos los otros partidos juntos!
El PSC parte por detrás en las encuestas. Cierto. Pero librará la batalla para ganar. Una batalla política que deberá basarse en los hechos, en la acción y en la gestión de gobierno llevada a cabo en los últimos años. La labor realizada en los últimos seis años al frente del Govern de la Generalitat no tiene parangón.
Y también deberá centrarse en las capacidades extraordinarias que Catalunya y los catalanes tienen por delante. Catalunya tiene el marco de autogobierno y de financiación más amplio que jamás haya tenido en su historia. La tenacidad, la perseverancia y la firmeza del president Montilla en la defensa de los intereses de Catalunya ha conseguido que tengamos definidas las reglas de juego para los próximos 20 o 25 años. Y ahora es el momento de empezar a definir el futuro con ambición. De transmitir a los ciudadanos que es posible salir de la crisis con una economía más fuerte y más competitiva y sin que nadie quede excluido del progreso. De explicar la labor sosegada y efectiva del president Montilla, que avanza con paso firme.
Este es el momento de poner en valor lo que está en juego. De que Catalunya recupere el orgullo y la autoestima que tuvo. De que vuelva a ser capaz de mirar al futuro con ilusión renovada. Con optimismo. Consciente de sus potencialidades para ser un país de vanguardia, de modernidad, de innovación, competitivo, europeo.
La modestia, la firmeza y la perseverancia siempre se imponen frente a las prisas y la arrogancia. Artur Mas ha empezado la precampaña dando saltitos. Montilla avanza con paso firme y seguro. Ya saben quién llegará antes...
Article publicat a la revista El Siglo 07/12/09
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